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La Primera Comunión de Amparo y Aurorita

19 febrero, 2017

En unos pocos días, como era lo habitual en su ciudad, entraría arrasando la primavera.

Sin saber por qué, de repente, a Amparo le dio nostálgica y cayó en la cuenta de que en un pis pas, prácticamente a la vuelta de la esquina, iba a ser el 50 aniversario de su Primera Comunión…

No daba crédito. Se miró en el espejo y no se reconoció. Pensaba que al asomarse iba a contemplar, otra vez, a la niña menuda, morena, con “patillas” de alambre que fue cincuenta años atrás…

Se río de sí misma recriminándose su torpeza. Y fue plenamente consciente de que sus recuerdos no tenían la posibilidad de plasmarse en el espejo, aunque dentro de su cabeza los viera de forma nítida, como si se tratara de  una película en la que hubiera emprendido un viaje en el tiempo…

Amparo se veía a si misma vestida para la ocasión. Hizo su Primera Comunión con los compañeros del cole,  de edades similares y junto a su hermana Aurorita que era dieciocho meses más pequeña.

Fue el 3 de Junio de 1967. Era sábado.

comunion

Amparo acababa de cumplir ocho años, y se encontraba monísima… Tanto ella como su hermana iban vestidas de novias en miniatura, con el pelo recogido en una “castaña” en lo alto de la cabeza que se cubría con una diminuta redecilla invisible que servía de soporte para sujetar el velo que remataba el traje de Comunión. Tenían guantes de encaje y unas limosneras a juego para guardar aquellos regalos “en metálico” que pudieran recibir en tan señalado día. Aunque lo de las limosneras era más bien un complemento del vestido, porque a los niños lo que se les solía regalar eran juguetes, muñecas, una pluma (la primera de su vida) o un reloj de pulsera (ídem de ídem), medallas conmemorativas de la fecha…

En el caso de Amparo recordaba con nitidez a las muñecas idénticas  vestidas de Primera Comunión que recibieron, tanto Aurorita como ella, como regalo de unos amigos de sus padres.

Lo curioso es que lo que no recordaba haber jugado jamás con esa muñeca. Era muy mona, pero muy poco práctica de manejar vestida tan elegante y llevando incluso una velita en la mano, como llevaban los niños en la realidad en día tan señalado.

La Comunión tenía un significado de cierta “madurez” para los comulgantes primerizos… Se suponía que a partir de entonces el crio adquiría la sensatez suficiente como para ser capaz de llevar un reloj de pulsera sin destrozarlo por los juegos en el primer rato de llevarlo puesto…

En los tiempos en que Amparo hizo la Comunión, este acto era un acontecimiento familiar. Se vivía como una fiesta que se programaba en todas las casas cuando los niños llegaban a esas edades: los siete, ocho e incluso nueve años… España era confesionalmente católica y era lo habitual en todas las familias. O casi…

Los chicos recibían la preparación para recibir el sacramento en el colegio, dentro de la asignatura de religión y esta enseñanza se reforzaba con la catequesis, de la que se encargaba la parroquia en la que iba a celebrarse el acto, cuando toda la chiquillería asistente estuviera debidamente instruida…

Las Comuniones por tradición se solían y aún suelen, celebrarse en primavera. Los meses de Mayo y el principio de Junio eran las fechas más populares;  supongo que por intentar, teniendo en cuenta la bondadosa temperatura que a la estación se le supone,  pasar un día agradable y lucido sin que se estropeara con el frio o la lluvia del invierno recién abandonado.

Pero eso era antes. Cuando el tiempo no estaba tan “locatis” como ahora, pensaba Amparo.

Recordaba perfectamente como si en lugar de cincuenta años, hubieran pasado sólo cincuenta minutos, la visita a las tiendas con su madre, su hermana mayor y Aurorita en busca del traje perfecto para la ocasión.

Se acordaba de que les preguntaron si querían ir vestidas de novia o de monja que eran las dos opciones imperantes, si de niñas se trataba.

Tanto Amparo como Aurorita eligieron ir de novias. Los trajes eran mucho más “coquetos” sin duda…

Las pruebas del vestido, la elección de los zapatos (blancos, por supuesto y especiales para un día tan señalado) pero que fueran usables más allá del gran día. La elección de los demás complementos: los guantes, el velo, el rosario,  el Misal, la limosnera… Y la prueba, en la peluquería de su madre, del recogido del pelo para comprobar que aguantaría de un día para el siguiente, ya que la Comunión iba a celebrarse un sábado por la mañana y siendo así era preferible tener resuelto el peinado de las niñas con antelación…

Tanto Amparo como Aurorita, estaban  encantadas. Eran las protagonistas absolutas de un día especial.

Estaban invitados todos sus familiares y eran una tropa: abuelos, tíos, primos; los  amigos de sus padres y sus hijos, las novias de sus hermanos mayores y sus respectivos padres… En fin, un sarao en toda regla.

Estaba previsto celebrar un desayuno junto a todos los asistentes al acabar la celebración: el típico chocolate con churros.

Más tarde, y solo para la familia inmediata: padres, hermanos y abuelos, habría una comida familiar en un restaurante.

Y con eso, se cerraría el capítulo de festejos.

Amparo y su hermana menor, repartieron entre todos los asistentes los populares recordatorios que habían  encargado con sus respectivos nombres.

No hubo incidentes especiales ni altercados familiares que quedaran para el recuerdo.

El tío Juan, al que toda la familia tenía por un poco roñoso, dio la campanada por todo lo contrario en tan señalado día. Cuando Aurorita y Amparo estaban recorriendo la mesa al acabar el desayuno, dando los recordatorios a todo el mundo, tío Juan paró al llegar a él, a Amparo, por ser la mayor de las dos y le dijo: enséñame tu limosnera.

Así lo hizo y entonces él, le dio dobladito en cuatro un billete 1000 pesetas. Lo que llamábamos billetes verdes. Eso, en aquel tiempo era un pastón. No sé a qué equivaldría hoy, pero seguramente y haciendo una comparativa, no serían menos de 200 € en cuanto a poder adquisitivo. Amparo lo guardó en la bolsita de encaje, y en cuanto que acabó de repartir los recordatorios fue a mostrarlo a sus padres…

Han pasado 50 años que es una cifra de tiempo considerable y aún no se le ha olvidado. Fue impactante. Más para los padres que para ella, la verdad. Al fin y al cabo, era sólo una cría de 8 años quién,  del valor del dinero, entendía más bien nada…

Ilustración (recordatorio):  extraido del blog Cosas de Quintana de la Serena

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From → Literatura

5 comentarios
  1. Sandra permalink

    Ay Amparito y Aurorita… Las estoy viendo con el moñete y el traje de “novia”… Besotes

  2. Isabel Hernandez Herrera permalink

    Jajaja

    49 hará del 28 de mayo. Yo iba de monjita ….

    ________________________________

  3. Pepe permalink

    Parece una historia “tipo” para una realidad muy universal. Muy bien. Dile a tu amiga Encarna que has salido a mí escribiendo, pero con mucha imaginación para “chascarrillear”.

  4. Paloma M. permalink

    Ay que lindos recuerdos!!!!
    Un besito.

  5. Encarna Montero permalink

    Acabo de retroceder un montón de años. Es el retrato de mi primera Comunión. Que bien escribes!!!!!

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