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Mama habría cumplido 95…

28 octubre, 2016

En este mes de Octubre, que ya da sus últimos coletazos, mi madre, de seguir viva habría cumplido los 95.

Dicen que el vínculo entre madres e hijos es invisible pero de los más potentes que existen.

Lo cierto es que todos los hijos, normalmente, les tienen mucha afición a sus progenitoras. Algo que en ocasiones puede llegar a ser inexplicable para “terceros” visto el comportamiento de alguna de las susodichas…  Pero yo nunca tuve ese problema.

A mí, en el reparto de madres, me “tocó” una de las buenas.  Tenía sus cosas,  como todos, pero era buena gente.

Yo la debía este homenaje como “pago” a todo lo que aprendí gracias a su intermediación.

A lo largo de su vida me enseñó muchas cosas, algunas con su comportamiento, y otras, a pesar de él,  pero todas muy valiosas.

Era una mujer normal, con problemas normales y con conocimientos normales, que hizo todo lo que supo tratando de estar a la altura en todas las circunstancias. Eso, a mí me parece que tiene mucho mérito.

Tengo que reconocer que eso no siempre le resultó fácil. De hecho a veces fue incluso muy difícil.

Eso significa que unas veces lo logró, y otras, no tanto, pero siempre lo intentó.

Mi madre fue una mujer fuerte. Educada en otra época  y fiel a ella, fue capaz de reconocer que si  hubiera nacido veinte años más tarde habría vivido su vida de manera bien diferente…

No fue reivindicativa, ni especialmente valiente para enfrentarse a aquellas cosas o situaciones con las que en su fuero interno no estaba de acuerdo, pero las llegó a reconocer aunque fuera al final de su existencia,  e incluso llegó a plantarles cara aunque fuera de perfil…

El paso de los años, si nos aplicamos a saber vivirlos “bien” nos llega a convertir en sabios (algo conservadores, a veces, pero sabios al fin y al cabo).

De mi madre aprendí  muchas cosas, pero la más importante,  fue como nos mostró lo fácil que podía resultar,  a pesar del lógico miedo, el paso al otro lado de la existencia, si se colaboraba con la vida…

Esa lección fue para quienes la conocimos, fundamental.

En su lápida del camposanto figura una inscripción: Gracias mama por enseñarnos el camino, que es vigente cada día de nuestra vida.

Ella nos enseñó muchos caminos, pero, sin duda, ese es el más importante.

Si como decía, hubiera nacido años más tarde, a lo mejor, habría tenido una vida más fácil, pero no sé si a la vez, de ésta habría sacado tantas experiencias enriquecedoras…

Decían aquellos que la conocieron que yo, en la  cara me parecía mucho a ella, pero la verdad es que en el interior nunca fuimos semejantes.  A pesar de ello, al hecho de ser tan diferentes, nos llevábamos bien.

Hubo muchas actitudes que en su momento no entendí, comportamientos que probablemente yo no hubiera realizado de esa manera, pero que después, al pasar el tiempo, ese implacable maestro que siempre tienen la última palabra y que coloca, casi siempre sabiamente, todas las cosas en su lugar, llegué a entenderla en todos los casos…

En ocasiones reconozco que yo no habría obrado igual, pero al menos la entendí.

Es curioso lo que nos enseña el paso del tiempo con respecto a todo, pero especialmente impactante,  a comportamientos y actitudes  de los otros, cosas que no hemos entendido o incluso abiertamente hemos criticado…

Sin hacer nada parece, en ocasiones, que formamos parte del tablero de un inmenso puzle y sólo el tiempo, va colocando las piezas que faltan, nos va enseñando aquellas partes que hasta poco antes, éramos incapaces de entender…

Muchos al leer esto no alcanzaréis a entenderme del todo… No preocuparos, eso es que aún sois  jóvenes…

Ya se sabe:   la juventud, sólo la cura el tiempo, pero yo espero que de esa “enfermedad” a pesar de seguir cumpliendo muchos años no estéis nunca curados del todo…

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From → Literatura

2 comentarios
  1. Como de forma ya constante, tus palabras me han hecho pensar; especialmente ahora que tengo la fortuna de seguir teniendo a mi “mamá” (espero que muchos años, si el cuerpo se lo permite).
    Efectivamente los años y experiencias vitales, nos van mostrando las respuestas a aquella incertidumbre que nos quedaba, cuando nuestras madres decían “por que lo digo yo y punto!”, hasta esto, ahora, lo podemos entender perfectamente!
    Además del tiempo, a mi me ha ayudado a ser mejor hija, al ser madre. Todos esos miedos que ella a podido sentir conmigo, ahora pinchan en el alma al ser mamá, pero las ilusiones, vivencias y extraordinarias experiencias, también florecen cada día y con cada paso que doy.
    Desde aquí le doy gracias por la mamá “buena” que también me ha tocado, y te doy las gracias a ti, por recordarme con tu artículo, que hay cosas preciosas en mi vida.
    Gracias de verdad, por compartir también.
    Un abrazo y te sigo leyendo!

    @DyanaBarroso

  2. Carlos Baker permalink

    Yo si te entiendo …. Espero que el motivo no sea mi edad ( 64 ) como tu apuntabas.

    El primo Baker

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