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Llámame Ginger…

19 febrero, 2015

Como tengo mucho tiempo libre,  me gusta escribir y soy una persona reflexiva voy dando vueltas a diferentes temas que pienso pudieran interesaros…

A veces son ideas peregrinas, otras jocosas, y alguna vez reflexiones singulares…

Una de estas últimas es la que os voy a colocar hoy.

Me apunté hace unos meses en una clase de baile. Si de baile. ¿Qué pasa?

baile con fondo

A mí la gimnasia siempre me ha aburrido una barbaridad. Hacer series es algo muy tedioso y yo nunca le he encontrado la gracia, esa es la verdad. Pero sí que soy muy consciente de que es muy saludable hacer ejercicio. Cuantos más primaveras nos vamos echando encima, más importante es que nos ocupemos de estar más o menos en forma. El desastre de vida sedentaria que llevamos la mayoría de nosotros no es lo más conveniente. Las sesiones de ordenador, televisión, cine y sillón de lectura,  no son precisamente lo más adecuado para nuestro cuerpo físico. El mental está encantado y satisfecho pero nuestro cuello, espalda, piernas, caderas, brazos… reclaman más ejercicio, la consecución de mejor tono muscular y un poco más de actividad vigorizante y fortalecedora…

Podía haberme decantado por la natación. Dicen que es una actividad muy completa. Pero, que pereza. Y que aburrimiento.

Yo quería una actividad más social. Que además de beneficiarme físicamente, me proporcionara la posibilidad de echarme unas risas. Nadar no es nada divertido y además, sales oliendo a cloro y éste te deja la piel hecha un asco…

Por eso, elegí bailar. Bailar si me gusta. Es agradable, divertido y sirve para mover todo el cuerpo. Genial. Sólo es una hora y media a la semana, pero algo es algo, ¿no?

Salgo como un pollo de la clase, sudada y cansada, pero ese día, duermo como una campeona.

Llevo unos meses practicando. Somos unos treinta en la clase y hay de todo, la verdad…

Hay un importante colectivo de matrimonios que están en mí mismo grupo. Honradamente  creo que ellos van un poco a la fuerza, aunque ahora se les ve más relajaditos que al inicio… Y luego estamos los “singles” que vamos libre y voluntariamente desde el principio. En este colectivo hay más mujeres que hombres, pero en cualquier actividad que no sea deportiva, eso es lo habitual.

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Cuando faltan chicos, alguna de las chicas se va turnando y adoptan el papel masculino a la hora de hacer parejas de baile.

Nunca he sabido por qué la mayor parte de los hombres tienen esa aversión al baile. Me refiero en concreto más a los hombres de mi generación y más mayores. Para uno que salga bailarín… tienes a cuarenta  que reniegan… Yo creo que encuentran lo del baile como algo poco masculino (me refiero a los mayores de cincuenta). Especialmente si hablamos de mover las caderas (bailes latinos). Del culo, ya ni hablamos…

Alguno con el que he hablado del tema me ha confesado que a él bailar no le ha gustado nunca… Era más bien un ritual de acercamiento al sexo contrario y la posibilidad, en su época  de juventud, de poder “arrimarse” a las chicas…

Yo, dentro de lo que cabe, he tenido hasta suerte. Tengo un  compañero de baile más joven que yo, que no tiene absolutamente nada que ver con ese tipo de ideas ni de lejos.

Al ser de otra generación estas ideas, “peregrinas” es que ni les pasaban por la cabeza (bien es cierto que en el tema sexo, lo han tenido más fácil).

Viendo el panorama he llegado a unas cuantas discutibles conclusiones:

Bailar se parece a hacer el amor. Aprender  a compenetrarse con el otro es todo un reto.

Todo el mundo puede aprender a bailar, pero no todo el mundo tiene ritmo natural ni oído para la música.

Saber conducir a otro, si eres hombre, o dejarte llevar por otro, si eres mujer, es un arte lleno de sutileza.

Ni todo el mundo te lleva de una manera cómoda ni todos nos dejamos llevar con la misma facilidad por cualquiera.

Todo se puede aprender si practicas con el compañero adecuado.  Ser abierto de mente, generoso y amable  ayuda a la hora de enfrentarse a cualquier reto para superarlo con nota.

De aquí a nada a los que vamos a esa clase nos van a llamar para convertirnos en el cuerpo de baile de cualquier producción, por eso, empezar a practicar vuestros aplausos y no os cortéis… podéis llamarme Ginger.

* La primera foto está sacada del blog “Diciendo la nuestra” y la segunda pertenece a “Tus anuncios.com”

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From → Literatura

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