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Vete a Urgencias…

13 noviembre, 2014

Pues no sé yo si eso siempre es una buena idea. Normalmente lo es. Pero en el caso concreto que os voy a contar no tuvo mucho éxito en su diagnóstico el facultativo que me tocó en suerte. No debía de tener el día “muy fino”…

Os cuento. Era fin de semana, sábado en concreto y estuve enredando por la mañana. Lo normal. Nada digno de mención.

Cuando llegó la hora me puse a hacer cocinillas… Encendí la campana extractora, abrí la ventana para que los humos y olores extraídos pasaran de la terraza a la calle, en fin, lo habitual…

Se acercaba la hora de comer. Me pareció ver de refilón una mosquita en la cocina. Que raro, pensé. Ya no es tiempo de moscas… Bueno, se me habrá colado al abrir la ventana de la terraza…

Pero al rato, me volvió a parecer ver la mosquita;  lo extraño es que solo la veía yo. Porque la mosquita no estaba en la cocina.

No le di más importancia. Pensé que me habría confundido y a otra cosa…

Al rato y ya sentados a la mesa, comencé a ver hilillos. Algo así como si en un vaso de agua hubieras vertido unas gotas de tinta china. Que raro, pensé…

Pero yo veía con nitidez. Sólo que de vez en cuando y no de modo permanente aparecían las mosquitas o los hilillos… Pero sólo en un ojo. En el derecho.

Tenía claro que no alucinaba. Había comido con agua, que conste. Y no me estaba volviendo loca…

Recordé que un familiar me había contado hacía unos días que había tenido un episodio parecido y que había estado en urgencias toda la tarde de un domingo…

Le llamé para preguntarle y me contó que a él después de mirarle y hacerle algunas pruebas le habían dicho que era del vítreo. Que no se preocupara y que lo de las mosquitas, aunque algo molesto, le acompañarían para siempre, pero que se acabaría acostumbrando…

Pues vale. Lo tendré en cuenta.

-“No te confíes. Vete a Urgencias para que te vean. A lo mejor es otra cosa y los ojos son muy importantes… No seas “cabezona”. Esta noche te llamaré. Y como no hayas ido, te pienso dar la “tabarra” hasta que te aburras de oírme y vayas…”-

En esos términos acabó la conversación. Estuve pensándomelo un  ratito. Poco, he de reconocerlo, y decidí que como mi visión era buena, la “anomalía” soportable y aparentemente poco importante, pediría hora al oculista el lunes y a otra cosa, mariposa.

Me puse a ver una película en la tele,  de esas de después de comer. La verdad es que se me fue pasando y llegue casi a olvidarme de las mosquitas y de sus amigos los hilillos…

Definitivamente lo del médico quedaba aparcado hasta el lunes.

Pero ya se sabe: el hombre (en este caso, la mujer) propone y Dios dispone…

Esa tarde nos íbamos al cine.

Cuando íbamos a arreglarnos para salir, comencé a notar a mis “nuevos amigos” de visión que habían decidido manifestarse de nuevo.

Como ahora todos tenemos internet, porque somos muy modernos y esto nos permite acceder a todos los conocimientos, me puse a consultar lo del vítreo  en la red y lo cierto es que todo “casaba” perfectamente. Vi hasta unos dibujitos muy monos que explicaban divinamente todo lo que yo había estado percibiendo…

Una de las razones que pueden justificar estos fenómenos en la visión, citaban, es el envejecimiento. Pues pronto empezamos, pensé. Daban más causas, pero no me pegaba ninguna otra…Realmente, esta tampoco (aunque esté mal que yo lo diga), pero, seamos realistas: tiendo a ser indulgente conmigo en este tema…

Bueno, el caso es que decidí acabar de arreglarme y nos fuimos al cine. Achaqué la nueva aparición de las mosquitas al hecho de cambiar de postura y me quedé tan contenta…

Llegamos en coche a la zona de ocio. Aparcamos. Merendamos y compramos las entradas.

Al poco de entrar en la sala y apagarse las luces, sin que hubiera pasado nada, de repente, empecé a ver por el ojo derecho como si me hubieran puesto delante un cristal opaco de color caramelo. Algo así como un cristal esmerilado y de color similar al te.

Ahí sí que pensé que no era el vítreo. O más bien que a lo mejor, además del vítreo había algo más. Yo pensé en la retina, pero yo no soy oculista…

Vi toda la película con un ojo sólo sin decir nada, me tapé el cristal derecho de las gafas con la gamuza de limpiarlas, porque si no la visión conjunta de los dos ojos era un asco, y al acabar, nos fuimos a Urgencias…

Allí me atendió el oftalmólogo de Urgencias. Me echó una gotita en el ojo y me miró con un aparatito cuyo nombre desconozco, pero que tienen todos los oculistas y las ópticas cuando te miden la visión. Ese en el que colocas la barbilla y apoyas la frente…

Después añadió una especie de lente gigante y muy gruesa a través de la cual volvió a mirarme reflejando la luz y me dijo que tenía un desgarro del vítreo posterior y mucho líquido derramado en el interior del ojo a causa de la rotura. Que por eso veía las mosquitas, y los hilillos. Le expliqué lo del cristal esmerilado que os he contado más arriba, y no me hizo ni caso…

Me mandó unas pastillas y me dijo que se me pasaría del todo. Y que en cuatro o cinco días pasara por la consulta de oftalmología para que me revisaran.

Le pregunté de qué eran las pastillas que me mandaba y me dijo que eran un antiinflamatorio (¿?). Como no soy una experta en el tema, le di las gracias y nos marchamos a comprar la receta.

Cuando llegamos a la farmacia comenzó mi sorpresa. Las pastillas eran unas vitaminas para el fortalecimiento del vítreo y no un antiinflamatorio.  No había posibilidad de confusión porque su nombre venía escrito por ordenador en el Informe de urgencias que me había dado al acabar la consulta.

Yo amanecí al día siguiente exactamente igual. Por el ojo derecho veía bultos indefinidos y seguía teniendo además de las mosquitas y los hilillos la visión a través del dichoso cristal esmerilado de color te…

Llegó el lunes y me consiguieron cita con un oculista estupendo que trata a mi familia y que tenía la consulta a rebosar de gente pero que visto el tema, y nunca mejor dicho, se prestó a verme.

Me miró exhaustivamente. Me dilató la pupila. Y después de mucha manipulación indolora para comprobar los daños me dijo que tenía un desgarro en la retina probablemente a causa de que el vítreo posterior se había desprendido y había tirado de ella… Y que tenía sangre. Eso era por lo que veía a través de un velo de color te…

Que había que cerrar ese desgarro con láser lo antes posible para evitar un desprendimiento de retina, porque eso ya eran palabras mayores…

Me mando a reposar a mi casa hasta que me pudiera dar el láser y que no hiciera nada de nada hasta ese momento. Que me estuviera en la cama, preferiblemente y nada más.

Después de sellar el desgarro, tuve que hacer otro poco de reposo y ya está todo solucionado.

Eso sí. Tengo de la experiencia dos conclusiones y una moraleja: Resulta que ya soy mayor; las urgencias, aunque sean especializadas no son la panacea universal  y como decía mi madre, es innegable que soy una chica con suerte.

Sólo ha sido un susto. Y dentro de nada espero que un recuerdo.

Os he contado toda esta aventura  para que estéis prevenidos.

A veces, nuestras intuiciones son importantes y hay que insistir para que nos escuchen. Podría haber sido muy grave… y no todas las historias acaban tan felizmente.

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From → Literatura

One Comment
  1. ¡que buena articulista eres! describes bien hasta las historias propias.¿no has escrito algún relato corto? para enviar a la prensa o a las editoriales para que te lo publiquen ¡cuanto talento desperdiciado en este país!

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