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Junio: mes de inicios

30 junio, 2014

Junio es el mes de los comienzos o de preparación de éstos. Hace años, para mí, esta característica la tenía Diciembre. Es curioso lo que cambia la vida…

Antaño, cada vez que sucedía algo lo suficientemente importante como para suponer un cambio de rumbo en cualquier orden,  se gestaba en el último mes del año. Más bien lo preparaba el destino y a mí me venía encima sin saber muy bien cómo había sido. Siempre he andado mirando hacia dentro (eso me lo recrimina mucho mi hermana) y me he enterado poco de lo que sucedía a mí alrededor… (Para mi desdicha a veces, pero para mi felicidad muchas más).

Cuando los cambios se producían en Diciembre era fácil hacer rimas o aplicarse las de toda la vida: “Año Nuevo,  vida nueva”… pero ahora no se yo con qué hacer ripios…

En Junio de hace dos años, me quedé sin trabajo, después de una temporada especialmente estresante y sin ninguna pista previa que lo hiciera previsible, ya os he explicado antes que soy poco dada a enterarme de las maldades que se pudieran preparar en mi entorno… Siempre me he dedicado a hacer mi trabajo y no me he parado en políticas de despacho ni he dado más importancia a aquellos “trepadores” o especialistas en medallas de la que merecían, y eso para mí era ninguna… y así me luce el pelo (Ya me viene otro refrán: de aquellos polvos, estos lodos, ja, ja. Suena casi guarro, pero no lo es. Hay que leerlo literal y entenderlo como tal.)

Eso que, en principio, no deja de ser un enorme contratiempo, y más en los tiempos que vivimos, no deja de tener su parte positiva. Todo, hasta lo aparentemente más nefasto, la tiene. Me explicaré.

Yo, como os contaba, cuando me despidieron llevaba mucho tiempo con mucho trabajo y los últimos  cuatro o cinco meses con un trabajo ya desproporcionado. Estaba bastante cansada, estresada y agobiada. Esa temporada estaba a punto de acabarse, tenía de hecho fecha fijada de caducidad, cuando de repente, me despidieron.

Lo cierto es que me quede en shock. Bromas aparte, ni me lo esperaba ni hubo ningún indicio que me hiciera sospecharlo. Fue repentino y fulminante, como en las películas…

Estaba preparando las cosas pendientes para el lunes, (porque todo pasó en un viernes a las dos de la tarde), cuando de repente me encontré guardando mis cosas en una caja y emprendiendo mi vuelta a casa en un taxi…

Aquello me dio la oportunidad de descansar, desconectar, dedicarme tiempo a misma, recuperarme y recomponerme del trance. Una vez cumplida la primera premisa, me he dedicado a asistir a  cursos de formación y a seminarios y píldoras formativas (como se llaman ahora y que son las charlas y conferencias de toda la vida).

Una vez recuperado el tono,  descansada como una princesa y nuevamente preparada para recuperar la vida laboral fui y ahí sigo, presentándome a todos aquellos trabajos de los que pudiera tener conocimiento directamente o por mi entorno, sin hasta el momento respuesta positiva alguna… Pero esto, ahora, es muy frecuente, y más aún para los que hemos superado con alegría hace unos años los cincuenta…

Mientras, en Junio del año pasado, a mi hermana le dio un Ictus.

Esto, que es algo verdaderamente serio e importante, llegó también sin previo aviso, pero se superó con bien y para nuestra suerte, la de mi hermana y la mía, nos permitió vivirlo juntas durante todo el proceso la circunstancia de que yo  no tuviera trabajo. Fue una “aventura” que pasamos  y que hoy, ya es historia.

Ella, que celebró ayer su otro cumpleaños (el Ictus fue el día 29 de Junio) está estupenda. No tiene ninguna secuela (bueno sólo una: refunfuña más que antes porque tiene que tomar medicación y no la gusta nada, acostumbrada a ser siempre una persona sana como una manzana).

Pero, esto es lo verdaderamente importante: prueba superada

La falta de trabajo, me ha permitido seguir formándome, pensar con calma, vivir las cosas con el ritmo adecuado, estar con mi familia, con mis amigos, dar importancia a todo lo que la tiene sin pasar por la vida “ a la carrera” obligada por las circunstancias… es decir vivir con plenitud.

Pero ahora, ya toca volver al tajo. No sé muy bien como, pero yo lo sigo intentando. Sigo ofreciendo mi fuerza de trabajo y mi experiencia. Mis conocimientos y todo lo aprendido a aquellos que puedan necesitar trabajadores.

No es una buena idea desestimarnos por haber pasado la barrera de los cincuenta hace un rato… Tenemos mucho que aportar y si no nos lo permiten, a mí me parece que todos perdemos  como sociedad, ya que en mi misma situación somos muchos…

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From → Literatura

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