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Tenemos un problema…

7 abril, 2014

Cuando yo tenía nueve o diez años, había en el colegio una asignatura,  Dibujo, que aglutinaba dos vertientes: dibujo artístico y dibujo lineal.

Cuando en la clase correspondiente, nos dedicábamos al dibujo lineal, más o menos yo me defendía… Pero, cuando se trataba del dibujo artístico, no había posibilidad alguna de salir con bien del trance… Yo lo intentaba y ponía mis cinco sentidos, pero nunca he estado dotada para tal disciplina…

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Hasta tal punto llegaban las cosas que recuerdo que, en mi boletín de calificaciones, la profesora correspondiente había puesto al lado del  4 con que me puntuó, una nota para mi padre, que era quien tenía que firmar el boletín. La nota decía: “Tiene muy buena voluntad…”

Fue entonces, a una edad temprana, cuando aprendí, y no lo he olvidado nunca, que no basta tener buena voluntad para superar las dificultades.

La buena voluntad es un requisito indispensable, pero es necesario, además, redoblar el esfuerzo y aumentar el trabajo.  Renunciar a otras cosas y focalizar nuestros esfuerzos en nuestra meta hasta conseguir alcanzarla. Y al final, se logra. Seguro. Doy fe. Con ayuda, por supuesto, pero se consigue.

Los ciudadanos de este país, y especialmente sus representantes, están en muchos casos perdiendo la buena voluntad…

Todos, en general, estamos pasando por una temporada de dificultades. No es un problema de España. Es un problema que salta fronteras y nos compete a todos.

La falta de trabajo, la pérdida de nivel adquisitivo de las familias, la desmotivación de las nuevas generaciones, están lastrando el avance de los diferentes países… pero a nosotros debería preocuparnos especialmente este, el nuestro. Porque es en el que vivimos.

Un país supera los retos y las dificultades porque sus habitantes lo hacen. Las sociedades avanzan como conjunto, no por tener un escueto grupo de ciudadanos excelentes que superan individualmente sus problemas…

Para salir del laberinto en el que estamos,  es importante superar la individualidad y mirar por el bien común.  Somos un equipo y como tal tenemos que comportarnos.

A partir del reciente fallecimiento de Adolfo Suárez se han revisado una y otra vez las condiciones en las que se produjo la transición, desde la dictadura imperante a la democracia en nuestro país.

La base de entonces y la que deberíamos resucitar ahora, es la de dejar de mirarnos cada uno nuestro ombligo, y ser capaces de mirar lo más beneficioso para todos en conjunto.

Pero para eso, deberíamos de tener unos dirigentes a la altura de las circunstancias. Y no los tenemos.

Dicen que cada país tiene los gobernantes que se merece. Pues nosotros, los españoles, hemos debido de hacer muy mal nuestros deberes…porque los resultados son nefastos…

Nuestros representantes democráticos,  elegidos en las urnas, son penosos. Me da igual el gobierno que la oposición.

Los integrantes de ambas cámaras (Congreso y Senado),  no están mirando por los intereses de los ciudadanos, sino por el mantenimiento de sus prebendas.

Obviamente esto es extensivo a todas las cámaras autonómicas de representantes. Casi ninguno mira por el bien del colectivo sino por mantenerse en el poder y seguir disfrutando de los beneficios que lleva añadidos…

Les hemos dado nuestro voto y con ello les hemos legitimado para que se conviertan en nuestros legisladores y guías. En los garantes de los poderes de los que son depositarios.

En lugar de ello, votan leyes diferentes para ellos y para nosotros, no se aplican para sí, los raseros que nos imponen a los demás (salarios, pensiones, fiscalidad).  Aprueban exenciones (están legitimados por nosotros en las urnas para ello) que sólo se aplican a sí mismos para perpetuarse en el poder y seguir viviendo sin ningún pudor a nuestra costa sin, a cambio, hacer bien su trabajo; ni tan siquiera hacerlo de manera limpia y recta en muchos casos (los casos de corrupción en todos los partidos son desgraciadamente incontables).

Y nosotros, los ciudadanos de a pie, sus votantes, no hacemos nada. Son nuestros asalariados y se comportan como si fueran nuestros jefes…

Han convertido lo que debería de ser un servicio vocacional y limitado en el tiempo, por ley, (la política), en un oficio, además vitalicio y del que separarlos, encima, es una labor titánica. Aun demostrándose su falta de honradez y de disposición para desarrollar el cargo para el que fueron elegidos, separarlos de él, a veces se convierte en  algo imposible…

Y seguimos sin hacer nada.

La única forma de demostrarles nuestro descontento y nuestra voluntad de no tolerar más su inacabable avaricia, su falta de compromiso y sus desmanes, es privarles de nuestros votos. No se trata de no ir a votar. Se trata de ir a las urnas, pero no dándoles nuestro voto. Votando en blanco.

Se trata de que quede constancia de nuestro desacuerdo y enfado por sus comportamientos.

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Estaríamos manifestando que aceptando el sistema imperante, y la votación como forma para actualizarlo, ninguno de los candidatos que se presentan de ningún partido merece nuestra confianza expresada en forma de voto.

En España, los votos se contabilizan por la Ley D’Hondt.  Para tener representatividad en las elecciones generales, un partido debe de alcanzar un 3 % de los votos emitidos, como mínimo y a partir de ahí funciona por cocientes (en las locales el porcentaje mínimo es el 5%). En la práctica, el que haya muchos votos en blanco lo que implica es que necesitan muchos más votos para conseguir representación, ya que muchos no se los pueden adjudicar al ser votos en blanco.

Se trata de castigarles para hacerles entender que no nos parece bien como están actuando.

Cuando se trata de temas que nos afectan a todos, hay que establecer las reglas del juego y las normas a seguir por parte de todos y cada uno de nosotros. Eso, de alguna forma, sus bases, fue lo que intentó Adolfo Suarez en la transición.

Pero, con el paso del tiempo y la sucesión de representantes que hemos ido “sufriendo” el desarrollo de las bases cimentadas y de las leyes consiguientes, ha ido siguiendo, en muchos casos, cauces muy diferentes a los inicialmente esbozados. Para nuestro perjuicio (el de los ciudadanos) y para el beneficio de los intereses partidistas y particulares, en muchos casos de nuestros representantes.

No queda otra que atajar el problema. Y eso no se consigue quejándose y dejándoles hacer las mismas cosas mal hechas una y otra vez.

Las urnas nos van a permitir cambiar las cosas. Pero eso no se consigue absteniéndose de votar por desencanto o por vagancia.

Vayamos a votar, cuando corresponda, y emitamos nuestro voto con los sobres vacíos.

Eso en primera instancia. Después, con los representantes que salgan elegidos, nos tendremos que poner a hacer reformas. Y la primera de ella debería ser la Ley Electoral. Hay que establecer nueva normativa sobre las “reglas del juego”. Todos tenemos que jugar y todos debemos de ser conocedores de una nueva Ley que de forma justa nos permita las listas abiertas. Quiero decidir a quién voto, no que los intereses de cada partido decidan lo que más les conviene a ellos y no a mí.

Somos mayores de edad  todos los que podemos ir a votar. Y queremos decidir nuestro futuro  colocando a nuestro candidato para que nos represente. A nosotros, no a su partido.

Hay que modificar y mejorar la Constitución… tenemos por delante mucho trabajo. Todos. Y no lo podemos hacer con gente que nos represente sirviendo a intereses personales o partidistas. Debemos de ser cuidadosos a la hora de elegir a nuestros representantes. Nos estamos jugando mucho. Llevamos demasiado tiempo en manos de gente que no merece nuestra confianza ni nuestro respeto. No se lo han ganado. No se lo trabajan. Constantemente nos decepcionan y no se ocupan de resolver las dificultades. Es más, algunos de ellos, crean nuevos obstáculos en vez de armonizar o  solventar las diferencias existentes.

Tenemos que conseguir una nueva sociedad en la que convivir y eso pasa por contemporizar y ceder, primando el bien común sobre el individual. Al menos hasta que dejemos atrás la maldita crisis que nos acompaña a todos. Después nos podremos dedicar a florituras varias. Pero ahora, es prioritario acabar con la corrupción, el desempleo y sobre todo con la falta de confianza de los ciudadanos. Nos jugamos mucho. Estamos envidando al futuro.

 

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From → Sociedad

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