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Reflexiones acerca del paso del tiempo.

7 marzo, 2014

No acierto a comprender por qué a la gente le molesta tanto cumplir años. O si lo sé. Pero no lo comparto. El paso del tiempo nos permite acceder a la comprensión de muchas cosas que antes no podíamos entender o no éramos capaces de asimilar a fondo.

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Decía uno de mis hermanos, ya hace tiempo, y ante el fallecimiento del último de los mayores que aún conservábamos en la familia (superaba los noventa años), que nos acabábamos de convertir en la primera línea ante la parca…

Es conocido el sentido del humor (negro) de los españoles ante la adversidad. Sacamos punta a todo y somos capaces de carcajearnos de lo más impensable. Pero, tenía razón. Acababa de convertirnos, la ausencia de nuestro familiar, en los más viejos de la familia a todos nosotros.  A mis hermanos, a mí, a mis primos…

Todos nosotros, que prácticamente antes de ayer, como quien dice, éramos los jóvenes de la familia, habíamos pasado a ser, de repente, los mayores…

El tiempo pasa muy rápido, es cierto. Pero viene cargado de enseñanzas y conocimientos que está dispuesto a regalarnos, si colaboramos, aunque sea sólo un poquito…

Me encuentro, a menudo, sorprendiéndome de comprender cosas que hace nada eran, para mí, un misterio. Comportamientos de los otros que consideraba inexplicables se desvelan plenos de significado y connotaciones…

El paso del tiempo, si nos aliamos con él, nos hace más sabios. Diferente es, que a los que podrían aprovecharse de nuestro aprendizaje, no les interese nada compartirlo…

Para llegar hasta aquí, todos hemos sido jóvenes, y haced memoria, igual de ingratos con respecto al conocimiento y experiencias que nos podían regalar nuestros mayores.

Esta realidad, también forma parte de la madurez. No tiene ningún sentido brindarles nuestra experiencia, si no nos la demandan. Sabemos, porque lo hemos vivido, que la juventud es osada y se encuentra poseedora de todos los conocimientos y verdades que configuran el mundo.

No aceptarán, y además es magnífico que así sea, que seguramente la razón esté de nuestro lado. No lo saben. Y lo deben aprender desde su experiencia.

Muchos dirán que les podríamos ahorrar, errores, dificultades, desalientos…pero estos, son la mayor fuente de experiencias, conocimientos y recursos para el futuro.

Si aspiramos a su bienestar y a que ellos disfruten de ese futuro, deben de llevar detrás un bagaje propio. Construido  desde su experiencia vital…

El disgusto ante el paso de los calendarios de la mayor parte de la gente, tiene que ver con la fugacidad con que se consumen. Con la constatación de que nuestro reloj se acelera y nos acerca, de forma inexorable, hacia el fin de nuestra existencia…

Pero eso, si se medita bien, es una solemne tontería. Nadie tiene garantizada la existencia. Da igual tener cinco años que noventa y cinco… Siempre estamos a un paso de nuestra desaparición.

Sí, es verdad. Las estadísticas dicen que a mayor edad, mayor probabilidad de “que nos salgan alas” (vuelta al humor negro)… Vale.

Pero todos sabemos que la estadística falla más que una escopeta de feria… Y que los datos son interpretables en función de la tesis que estemos dispuestos a defender… (Y si no, preguntárselo a los políticos…)

Los mayores buscan estar cerca de los jóvenes. Cuando más años, más huirán de sus semejantes en edad y más buscarán a estos. Y encima lo harán con la tan manida coletilla “a mí no me gusta estar con viejos” que siempre, además de una sonrisa, nos arranca el mudo pensamiento “¿se habrá mirado él (o ella), quizá se piense ser un adolescente canoso (o teñido/a) que ya no cumplirá los 70?”

Ese comportamiento, también tiene una explicación. Los jóvenes no hablan de dolores… No establecen competiciones sobre quién ha pasado peor noche (en el sentido de dormir peor), ni sacarán a colación sus conocimientos médicos basados en el “rosario” de enfermedades y padecimientos propios y de todos los conocidos…

La gente joven no mira con aprensión el futuro ni teme al paso del tiempo… Se considera fuerte e inmortal y por tanto, practica la osadía y está dispuesta a asumir nuevas experiencias vitales…

Me niego a olvidar a la joven que fui ayer. Y no hablo del físico, (eso sí que hay que asumirlo y conservarlo de la manera más práctica posible, sin obsesionarse con su deterioro), sino mental  y emocionalmente.

Al igual que el refrán dice: “la curiosidad mató al gato”, será esta, la curiosidad, quién nos salve del envejecimiento real.

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Mantengámonos activos, curiosos, vitales… No nos dejemos arredrar por el paso del tiempo. Juguemos a favor de la vida. Podemos mantener nuestra partida con el destino como contrincante en tablas si nos esforzamos en continuar viviendo y nos negamos a dejarnos arrinconar…

Somos seres divinos, porque así nos crearon. Ejerzamos nuestra divinidad y colaboremos en el avance del mundo hasta nuestro último aliento.

Nunca demos por perdida la guerra. Sigamos ganado batallas para potenciar nuestro avance como civilización. Somos parte de un colectivo vivo. Sigamos orgullosos aportando nuestro granito de arena.

Brindemos, siempre, por la vida.

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From → Sociedad

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