Skip to content

Santa Claus, ayúdanos…

12 diciembre, 2013

Querido Santa,

Debes de perdonar mi enorme ignorancia sobre ti. Pero me has pillado ya mayor para estar muy versado en tu persona… Tengo una cierta confusión entre tú, Papa Noel y San Nicolás. Ya sé, lo mío no tiene perdón, pero confío en tu paciencia y generosidad probadas…

Verás, yo siempre he sido más de los Reyes Magos. Y te seré sincero, lo sigo siendo. Pero es que tú llegas antes… y creo que hay peticiones que tú podrías ir gestionando… Al fin y al cabo sois todos colegas ¿no?…

Como muy bien sabéis por ahí, en la Tierra estamos todos bastante perjudicados. Lo estamos en circunstancias normales, pero llevamos varios años que, en la parte del mundo en la que nos ha tocado vivir, la cosa está todavía más complicada… Dirás que nos quejamos de vicio… que no acostumbramos a mirar más allá de nuestras narices, y no voy a quitarte la razón, pero es también cierto que si nos comparamos con nosotros mismos, hace unos años, la situación es bastante penosa…

bigstock_Ilustration_for_Christmas_and__15041915-1

Se, por experiencia, que ninguno de nosotros, de forma individual, puede hacer nada por solucionar aquellos problemas que nos afectan a todos y que exigen la colaboración y el consenso de los dirigentes (Dios nos asista), pero también sé, que si cada uno nos ocupamos de la “parcela” que nos rodea, y procuramos tenerla aseada, feliz y en perfecto estado de revista, y lo mismo hace nuestro vecino, y a su vez, el suyo, de forma casi “milagrosa” los problemas van desapareciendo… Por ese motivo, hoy, abusando de tu paciencia, voy a pedirte cosas para mi entorno cercano.

Hace unos años oí, la verdad es que no recuerdo a quién, que si alguno de los que forman parte de tu cotidianidad te complica la vida, lo mejor es pedir para él algo estupendo a la Providencia, con el fin de que sea desplazado de tu entorno, de forma positiva… Me explicaré, supongamos que tienes trabajo (que ya en estos tiempos es un suponer) y que tu jefe/a (ya estamos con la tontería del género) es una mala persona, pues no hay que desear que se rompa una pierna,  sino que le ofrezcan un puesto de trabajo buenísimo en otra empresa; si acepta conseguimos una doble alegría: él/ella (seguimos con lo políticamente correcto, aunque esté mal dicho) mejora,  y tú también,  porque desaparece de tu entorno cercano. Todos contentos.

Siguiendo esta teoría y aun sabiendo que tú no eres la Providencia, pero que alguna influencia tienes, quiero pedirte que el Presidente de mi empresa sea tocado por la varita de la suerte. Por favor, que  le toque la lotería. Pero en el número que juegue con su familia. Y con un premio que no le permita justificar que continúe  trabajando en ningún caso. Que su familia le requiera dedicación absoluta a sus intereses personales y que de esta forma tenga un retiro dorado y espléndido que incluso le permita dedicar tiempo a operarse de cosas poco importantes: implantarse pelo, arreglarse la vista para que cuando hable con alguien su interlocutor sepa a qué ojo prestar atención… o sea,  naderías.

Si eso sucede, dejará de despedir gente o permitir que sus secuaces la despidan (él rara vez se mancha las manos)  por razones   completamente discutibles. O de enredarse en obras faraónicas que cuestan un potosí (que supuestamente no tiene y por eso merma la plantilla) que lo único que llevan de positivo es que él tiene cada vez más espacio y los trabajadores están cada vez más juntitos (en algunos casos espalda junto a espalda, ya se sabe, el roce hace el cariño)…

Me parece de justicia que este hombre único, (Gracias a Dios),  tenga un retiro dorado y lejano (sobre todo lejano), de todos los que le disfrutamos a diario…

No me quiero olvidar de sus secuaces. En su mayoría secuazas (¿no queréis que prime el género?).  Es que me había olvidado de contaros que este prócer de la patria se suele rodear en los cargos directivos de mujeres… Pero no es por potenciar a un colectivo más desfavorecido, que está bien preparado, sino porque es un misógino y ha decidido que éstas son más fáciles de manejar, de hacerle el trabajo sucio y de mantener “el gallinero” controlado con mano férrea por unos buenos euros al mes y por las consiguientes prebendas que le garanticen obediencia ciega.

Lo cierto es que la experiencia le ha demostrado, salvo en un par de honrosas excepciones, que estaba en lo cierto…

A estas secuazas, Santa, tu entenderás que hay que darles algo para que modifiquen su actitud. A mí se me ocurre, que quizás a la más veterana y soberbia de todas, lo que de verdad le haría cambiar de actitud sería,  que le trajeras un novio. Ya sé que parece una solución simplista, pero date cuenta que esta carta te la escribe un hombre, y los hombres somos sencillos, nada enrevesados en nuestra concepción del mundo. Te digo que esa mujer lo que necesita es un novio. Pero no uno cualquiera, no. Necesita uno fogoso y que la tenga entretenida. Eso básicamente, créeme, cambiaría su forma de ver la vida. Le dejaría de preocupar si está o no suficientemente delgada, dejaría de hormonarse para mantener una juventud que hace años que se le escapó y dejaría de hacerse retoques estéticos aprovechando las vacaciones (pensando que así los de alrededor no nos percatamos que se los hace, que digo yo que no deja de ser una estupidez, porque si no quiere que los notemos, ¿para qué se los hace?,  o quiere que pensemos que su rejuvenecimiento (de unos momentos, que diría Gila) han sido fruto de la dieta del perejil…)

Para el resto de las adláteres  yo creo que con pequeñas minucias las puedes tener entretenidas, que si un viaje, largo, ganado por su adhesión a la empresa (eso le permitiría dejar un respiro a sus subordinados por un tiempo) que le permitiera comprobar cómo se gestiona el negocio en otros países, que si un traslado debido a méritos profesionales a cualquiera de las otras sedes internacionales (ya que la empresa es una multinacional), que si un curso intensivo de japonés profesional a recibir en el país de origen del idioma preparando la apertura de una futura sede…

top-ten-santa-claus-5

Todas ellas serían temporalmente apartadas del resto de los trabajadores, por buenos motivos, provechosos para su futuro y para el desarrollo de la compañía…

Como verás todas mis peticiones son positivas y razonadas. Sé que tu poder es grande, Santa, pero también sé que tienes mucho trabajo en estas fechas. Por eso, te escribo pronto.  No sabes la necesidad que tenemos de tu intercesión en nuestra empresa. La situación está bastante complicada por aquí. Por eso, confiamos en ti.

Animo que tú puedes.  No tienes idea de la publicidad que podemos proporcionarte si nos ayudas… Contamos con los medios para difundir tus logros y con nuestra adhesión, incondicional ad eternum.

Muchas gracias por anticipado. Atentamente,

Javier del Pino Piñonero

 

Anuncios

From → Literatura

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: