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Los ojos de Amparo Rivelles

11 noviembre, 2013

Hace mucho tiempo, seguramente más de veinticinco años, tuve el placer de conocer y entrevistar a Amparo Rivelles. Siempre había admirado su trabajo, y lo cierto es que no recuerdo por qué, pero el caso es que se presentó la oportunidad de hacerle una entrevista, que ella accedió a realizar recibiéndome en su casa.

Vivía en el centro de Madrid y quedamos una tarde cualquiera a una hora temprana. Fue una entrevista sobre su trabajo de la que me quedó un recuerdo sumamente agradable, un regusto cálido; pero sobretodo,  lo que desde entonces siempre que salía su nombre a colación, lo que yo recordaba con absoluta nitidez y siempre reseñaba, era su magnífica mirada…

No he visto jamas unos ojos tan fantásticos como los de Amparo Rivelles. Estaban más allá del tiempo. No tenían edad. Reflejaban cercanía, calidez… Si se pudiera aplicar a una mirada, yo diría que eran cómodos… invitaban a sentirte confortado, comprendido… Su mirada era espléndida…

Eran de un color miel, limpísimos… Parecían dos gemas perfectas…

Nunca más la volví a ver en persona desde entonces. Supe de ella a través de su trabajo, de las reseñas de sus obras, por la prensa… Pero nunca olvidé la calidez de su mirada.

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Recuerdo que  entonces pensé que nadie que tuviera esa mirada, podría ser más que una buena persona porque esa mirada era un regalo concedido, seguro que por la Providencia,  a la bondad de espíritu.

Era una mujer de trato agradable, educada y cariñosa que te ponía fácil el trabajo a realizar.

No me debí de equivocar en nada en mi apreciación porque en estos días en los que la Señora Rivelles nos ha dejado,  se han sucedido las loas no sólo a su obra, por todos conocida, ya que fue una de las grandes Damas que ha dado la escena en España, sino a su persona en forma de declaraciones  tanto escritas como verbales por todos aquellos que la conocieron y que la trataron. Que suerte tuvieron…,  especialmente estos últimos.

Me llamó especialmente la atención el escrito que publicó en ABC su amiga Natalia Figueroa en el que se contaba de forma “familiar” como era su sentido del humor  y en el que, entre lineas, se dejaba ver el dolor silencioso que traía su pérdida para la autora…

Lamento su pérdida, porque siempre que se va alguien de su categoría, todos somos un poco más pobres, nos quedamos un poco más huérfanos y eso siempre, para la evolución de la sociedad de la que todos somos parte, no deja de ser una dificultad añadida…

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From → Sociedad

One Comment
  1. ana maria permalink

    Alguien que pueda apreciar lo que hay en una mirada siempre enriquece al colectivo y eleva el nivel ¡enhorabuena!

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