Skip to content

Relaciones personales (7)

10 septiembre, 2013

Cuando la esposa del Dr. Diego Garrido empezó a notar que su marido estaba constantemente ausente de la vida familiar, empezó a fijarse en su actitud con mayor atención.

Primero fueron pequeños despistes.

Luego una expresión distraída cuando se encontraba frente a la televisión, que realmente no miraba, después de cenar.

Más tarde,  no recordar conversaciones mantenidas con ella, probablemente porque mientras las tenían estaba pensando en otras cosas…

Así fue hasta que se olvidó de su propio cumpleaños (el de él), que todos los años festejaban con una cena en casa a la que siempre acudían sus padres para darle un abrazo.

Diego era hijo único y sus  padres no se saltaban jamás esta costumbre

En esta ocasión, Diego llamó a su casa a las nueve de la noche para avisar a su mujer de que se iba a cenar con su jefe de departamento. Se quedó de piedra cuando ella le contó que sus padres estaban de camino y que todo estaba listo para festejarle a él…

Él se apresuró a contarle que lo arreglaría y que no se preocupara que enseguida llegaría.

Nada más colgar el teléfono de su despacho miró a Maya compungido y le dijo que tendrían que cambiar de planes. Se me había olvidado, le comentó. Mis padres van a cenar hoy a mi casa para festejar mi 38 cumpleaños. Tengo la cabeza perdida. Y tú tienes la culpa. Me vuelves loco…La besó y se apresuró a dejarla frente a su Colegio Mayor.

——————————————————

Cuando Maya llegó a su residencia, en la que seguía viviendo desde el primer curso de la facultad y cerró la puerta de su habitación, se sentó delante de su mesa de estudio y hundió la cara entre sus manos.

¿Qué es lo que estamos haciendo? ¿Cómo podemos estar viviendo en un mundo paralelo a la realidad?

Esta situación nos está sobrepasando y se va a organizar un lio que no vamos a poder parar…

Mañana tengo que hablar con Diego y asumir juntos que no podemos continuar…

Tengo que pensar en argumentos para convencerle.  Él tiene mucho más que perder que yo…

Sus hijos son muy pequeños… No me debo interponer entre él y su familia… Necesitamos perspectiva…

A veces los deseos no se pueden convertir en realidades… Si mis padres se enteran… No me perdonaría el disgusto que se llevarían…

No se cómo manejar todo esto y sé que Diego no va a querer dejarlo…

Necesito un poco de aire….

——————————————————

Los padres de Diego no habían llegado aún a su coche, aparcado a menos de una manzana, después de abandonar la casa de su hijo para volver a la suya, cuando Diego volvía a entrar en el salón de su casa, después de comprobar que sus chicos dormían en sus respectivas habitaciones.

Su esposa, durante ese mismo tiempo, había preparado un coñac para Diego y un gin tonic para ella mientras le esperaba.

Quería indagar qué era lo que estaba pasando pero no era, aún, muy partidaria de organizar una discusión en toda regla. No se encontraba preparada todavía. Quería sondear a su marido.

Él no estaba por la labor. Llevaban juntos demasiado tiempo para dejarse engañar por distracciones aparentemente inocentes. La “copa” de la paz no le iba a engañar. Conocía a su mujer lo suficientemente bien para ser muy consciente de que estaba muy enfadada por el olvido de la cena.

Durante toda la duración de la misma y puesto que sus padres estaban delante, había tenido la educación y el buen gusto de evitar las situaciones tensas para no violentar a sus invitados, pero Diego era perfectamente consciente que el panorama no estaba libre de algunas nubes que podían desatar una tormenta.

Ella no quería bronca en una fecha de supuesta celebración, pero tampoco estaba dispuesta a dejar pasar por alto el olvido. ¿Cómo podía alguien olvidar su propio cumpleaños?

Ante la pregunta directa que le formuló, las evasivas como respuesta y la excusa del trabajo añadido a partir de la sustitución del compañero no convencieron para nada a Alicia. Muy al contrario. Una sombra negra de sospecha empezó a cobrar cuerpo ante sus ojos y un temor unido a un enfado monumental comenzó a hacerse corpóreo en la habitación.

Pero Alicia era una mujer práctica. No tenía pruebas. Sólo indicios. Pero estos, por lo ocurrido en anteriores ocasiones no tardarían en convertirse en hechos que no podrían justificarse con excusas vanas…

Si ella organizaba una discusión, sería con argumentos irrefutables y en esta ocasión, no se iba a parar. Ya había aguantado muchas bobadas antes… Pero no lo iba a consentir en esta ocasión. Su marido iba a entender que no podía “tener novia”. Ya estaba casado con ella. Y esta vez estaba dispuesta a un escarmiento total…

Continuará…

Anuncios

From → Literatura

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: