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Incorporación al trabajo

2 septiembre, 2013

Lo primero de todo, Felicidades.  A todos aquellos que puedan manejar esta frase en primera persona.

Hoy tengo el día  especialmente reflexivo, y lo quiero compartir con vosotros.

Estoy, como muchos otros, lo cual es una constatación de la realidad y no un consuelo, buscando trabajo. Lo llevo haciendo desde hace más de un año, y como tantos otros, no se me ocurre qué más cosas hacer para conseguir hacerme visible de forma “especial” ante las escasas ofertas existentes…

Hace unos años, cuando la gente buscaba trabajo y enviaba su curriculum a las distintas empresas que publicaban ofertas de empleo, el candidato recibía una respuesta, de cortesía al menos, y en muchos casos era citado para una entrevista para el puesto, si sus características se adaptaban a él.

Hoy en día no se recibe respuesta. De ningún tipo. Todo se hace por mail. No existe en la mayor parte de las ocasiones ni el acuse de recibo del envío de la historia laboral.

Pasados unos días, si se trata de un portal de empleo puedes, a lo mejor, asomarte a las candidaturas que has ido enviando y ver en qué estado se encuentran para comprobar si ha habido alguna respuesta por parte de la empresa que publicó la oferta.  Alguna vez podrás comprobar que has sido descartado, (sin saber la razón) y en otros casos serás ignorado, sin ningún tipo de respuesta para el resto de la eternidad…

Las entrevistas personales, aunque no llegaras a conseguir el puesto requerido, servían para poder tener una mejor idea de lo que la empresa demandaba y de las razones por las que te descartaban, si eso ocurría. Ahora ni eso. Son como citas a ciegas desde internet. Te relacionas exclusivamente por escrito (carta o mail generalmente) con un interlocutor oculto en la mayoría de los casos a quién no puedes identificar pero que tiene todo el derecho a saberlo todo sobre ti…

Decían en un portal de empleo, de los varios a los que me asomo, que era importante hacer valer la experiencia y la edad, en aquellos candidatos que de ambas vamos sobrados…

A mí me parece que cualquier rasgo que consideremos diferenciador debe, sin duda, ser destacado, pero yo creo que el problema al que ahora todos, como ciudadanos, nos enfrentamos, tiene más componentes.

A estas  alturas de la crisis, que tantos países y ciudadanos estamos viviendo, creo que no hemos aprendido aún la única baza que tenemos para de una vez por todas, salir del pozo: tenemos que practicar todos la solidaridad. Voy a intentar explicarme mejor.

Cada vez que se publica o te llega por alguien la posibilidad de un trabajo y te apresuras a enviar tus datos para optar al puesto, te enteras poco después que hay más de trescientos candidatos para una sola vacante… Eso explicaría los continuos descartes sin palabras que todos vamos sufriendo… La mayor parte de las veces, las empresas no llegan ni a leer tu carta de presentación, y mucho  menos el pormenorizado detalle de “prendas” que te adornan y que figuran desglosadas en tu curriculum o en el del portal de empleo que rellenaste y desde el que optas al puesto ofrecido…

Seamos coherentes. Si tú eres la empresa que publica la oferta y para un puesto recibes una avalancha de ese calibre (he participado en casos en que el nº de candidatos para un puesto superaba las ochocientas solicitudes) en cuanto que encuentras al que quieres dentro de los primeros ¿treinta? o ¿cincuenta?, “pasas” de leerte los demás. Total, ¿para qué? Si sólo puedes contratar a uno…

Pero el problema no es sólo ese. He leído muchas cosas sobre las reformas que han ido incorporando nuestros gobernantes actuales con el fin de intentar ir saliendo de la crisis económica en la que estamos y sé que muchas son manifiestamente mejorables pero, también soy muy consciente de que muchas empresas que han tenido que despedir a gente, habrían tenido que cerrar en el caso de no haber empequeñecido su plantilla.

Esto es así, en algunos casos. Pero ni mucho menos lo es en todos. Estos tiempos convulsos que estamos viviendo también están posibilitando la realización de desmanes en empresarios poco escrupulosos que en estos momentos siguen persiguiendo el beneficio a costa de sacrificar varios puestos de trabajo.

No sé si me estoy explicando bien. Cualquier empresario crea, levanta y mantiene un negocio si este le aporta rentabilidad o dicho de otra manera, beneficios, pero tal y como está ahora mismo el país me parece que lo que sería más honesto es mantenerse y sacrificarse también durante un tiempo cubriendo sólo gastos si esto permitiera el mantenimiento o la contratación de algún trabajador más. Llegaran tiempos mejores si todos arrimamos el hombro. Pero debemos de arrimarle todos, no sólo los trabajadores.

Existen empresas que han tenido múltiples años de bonanza y que al comienzo de los problemas han empezado a despedir porque no llegaban a sus objetivos. Visto lo visto, y el resultado de sus acciones a este paso, muchos no van a llegar, si la falta de empleo se mantiene, a conseguir comer una vez al día…

Nunca han existido en este país tantas peticiones de ayuda y tantas organizaciones sin ánimo de lucro instalando comedores sociales e intentando paliar el agobio de tantas familias…

La práctica de la solidaridad a la que me referí de pasada bastante más arriba en este escrito, no se refería a este tema concreto, sino que era más sutil.

Pertenecemos a un país democrático con libre economía de mercado ¿no es así?, pues entonces no deberíamos olvidar ninguno de nosotros que la salida de nuestros problemas pasan necesariamente por el incremento del consumo. En todos los sentidos.

Somos una inmensa cadena sin fin. Si no compramos ninguno, el engranaje se para y todos nos empobrecemos cada vez más.

Hagamos un ejemplo aparentemente tonto: si no consumimos fruta, porque los yogures son más baratos, el frutero de nuestro mercado no puede mantener abierto su puesto y si lo cierra por no poder pagar lo que compra para después venderlo, será otro integrante más de las listas del desempleo que no sólo no podrá contribuir al sostenimiento del gasto social,  sino que además demandará ayudas, que a su vez mermaran el exiguo monto del que disponemos para estos fines…

Puede parecer algo exagerado. Pero la realidad es así.

Para salir de la crisis, es necesario que todos volvamos a consumir. Y para ello, necesitamos de forma imperiosa volver a tener un empleo que nos permita gastar el dinero en nuestro mantenimiento en todos los órdenes. Necesitamos la solidaridad de los empresarios.

Esto es un círculo de  enormes dimensiones y todos desde un lado o el otro formamos parte de él. Hay veces que dependiendo del momento estamos en una posición y luego en su inversa.

Los trabajadores, que somos la mayoría (con respecto a los empresarios), estamos asumiendo  una importantísima parte de la reforma laboral. Ahora necesitamos de su confianza y de su ayuda. Necesitamos de verdad que vuelva la contratación. Nadie puede consumir nada si carece de ingresos. Todas las huchas se acaban agotando. Incluida la estatal, y para incrementar esta y no perder el soporte que todos vamos a necesitar el día de mañana, es necesario que todos colaboramos con nuestros impuestos. Aquellos que se derivan directamente de nuestro trabajo. ¿No estáis de acuerdo?

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From → Sociedad

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