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Relaciones personales (4)

5 agosto, 2013

Maya estaba entre el público asistente al seminario, escuchando la ponencia de un compañero con atención, cuando notó la vibración silenciosa de su móvil.

Sólo se asomó a la pantalla sin intención de contestar en ese momento ya que le interesaba mucho lo que estaba escuchando en la sala, pero sí que le sorprendió recibir un whatsapp de mdelafuente o lo que era lo mismo de Mariano, su compañero de estudios.

Desde que acabaron la carrera y cada uno se especializó  en cosas diferentes, Mariano era uno de los pocos con los que había seguido en contacto. Pero ese contacto era esporádico y más bien asociado a cosas puntuales: las vacaciones de verano, el comienzo de la Navidad, los cumpleaños respectivos, los logros puntuales compartidos…

Era raro que Mariano la contactara de repente. Se anotó mentalmente revisar el móvil antes de la comida y después de la ponencia que se estaba desarrollando. 

Maya era una de las organizadoras del Congreso y tenía que asistir a muchas de las comidas con que se partía en dos el tiempo de las diversas exposiciones.

En concreto, la prevista para inmediatamente después de la exposición a la que estaba atendiendo  era una de las menos apetecibles. Los asistentes no eran conocidos cercanos suyos, como muchos otros de los participantes, sino contactos personales de su jefe, lo que añadía al tema una cierta formalidad que era justo lo que ella intentaba evitar a toda costa.

Cada vez que formaba parte de algún seminario, y últimamente eso no era muy a menudo, procuraba que las comidas, aunque fueran programadas, le proporcionaran un punto de distensión. Un descanso dentro de los apretados programas que normalmente trataban con el fin de hacer más agradable la duración de los mismos.

Cuando acabó la ponencia eran casi las dos de la tarde. El turno de preguntas se había alargado ya que el conferenciante había sido muy generoso con los asistentes. La comida estaba prevista para las dos y media.

Tenía tiempo de refrescarse y de consultar las llamadas perdidas y los mensajes recibidos…

Cuando llegó al de Mariano, no pudo evitar una sonrisa. Cariñoso como siempre le decía que le contactara cuando tuviera un rato para hacerle una propuesta. No le contaba nada más para mantener el misterio y conseguir que le llamara antes. Si le desvelaba la razón, la “gracia” se perdería…

No contaba con mucho tiempo, pero la curiosidad la pudo.

Mariano iba de camino a su casa para comer con su familia cuando oyó el pitido del móvil. Orilló su coche y se dispuso a contestar la llamada.

Cuando vio en la pantalla que era Maya, desplegó una enorme sonrisa. Ella siempre había sido una de sus debilidades, a pesar de ser la eterna asignatura pendiente de Luis y de haber tenido que hacer de puente entre ambos demasiadas veces durante el tiempo en que todos estaban estudiando.

–          Hola preciosa. No esperaba que alguien tan importante me respondiera tan pronto. Aunque algo habrá tenido que ver la intriga, ¿no?

–          Muy gracioso. No tiene que ver nada de eso, sino que yo soy una chica organizada que procura contestar a las llamadas recibidas, y si éstas son de amigos, procura ser aún más rápida… A ver, soy todo oídos… ¿Cuál es esa propuesta que me quieres hacer?

–          Primero una pregunta: ¿Quién crees que se ha puesto en contacto conmigo? No creo ni que te lo puedas imaginar…

–          Pues con esas pistas, empezamos bien. ¿Hombre o mujer?

–          Mujer.

–          ¿Conocida o amiga?

–          Pues hace mucho yo diría que amiga pero ahora no sabría decirte…

–          ¿Amiga mía también?

–          No me atrevería yo a decirlo, por lo menos, no en la última etapa, no desde hace mucho…

–          Marisa.

–          Pero mira que es lista, mi chica. Además de guapa y eminente, encima vidente. Ja, ja, y sin haberlo intentado me ha salido un pareado.

–          Y ¿qué se le ofrece?

–          Pues nada, que le ha entrado nostalgia y está viendo la posibilidad de reunirnos todos…

–          Por Dios, si hace una eternidad que la mayoría no tenemos contacto…

–          Pues por eso. No me digas que no tendría su punto…

–          Menudo punto. Como en las películas, para comprobar con quién ha sido más benévolo el paso del tiempo, quién está más gordo, quién más calvo, cuantos hay divorciados… sólo de pensarlo me deprimo…

–          Pues no lo pienses de esa forma. Puede ser agradable re-encontrarse con algunos de ellos. Yo hace una eternidad que no coincido con muchos y eran buena gente. Y tú, no me digas que no tienes curiosidad con saber que ha sido de algunos… Además hace mucho que no coincides con Luis, por ejemplo y sería una ocasión estupenda…

–          No sé si me apetece verlo. La última vez, fue hace unas cinco o seis años y todavía me recordó cosas que habían sucedido hace mil años y que él no olvida.

–          Eso pasa cuando te quedas en el recuerdo de alguien como si fueras una asignatura pendiente…

–          Pues no sé a  qué espera para madurar. Dentro de poco tendrá cuarenta y cinco años y yo creo que el tiempo pasa para algo…

–          No seas dura y piénsatelo. Cuando vayan concretando más las fechas y el lugar, te iré contando. A mí me gustaría mucho que vinieras y ahora hace mucho que nosotros no nos vemos…, aunque sólo fuera por eso…

(Continuará)

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From → Literatura

One Comment
  1. Muy interesante Blanca, ¿cuando será la siguiente entrega?

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