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El conductor del tren a Santiago

31 julio, 2013

No me puedo quitar de la cabeza al conductor del tren siniestrado la semana  pasada cuando estaba a punto de llegar a su destino en Santiago de Compostela.

Cada día la televisión, la radio y los periódicos nos van ampliando datos,  según se van conociendo más detalles y las investigaciones van progresando.

Todo el tiempo mis pensamientos vuelven una y otra vez al conductor…

Me agobia tanto su situación… ¿Os habéis puesto a imaginar la posible escena?  ¿Podéis poneros en su lugar por un momento?  Tiene que resultar insoportable…

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No tengo ningún ánimo de defenderle. No es mi intención quitarle importancia a lo sucedido porque ha habido muchas víctimas mortales y muchos heridos que tardarán, si lo logran, en olvidar el desastre vivido, pero poned por un momento el foco de atención en el maquinista…

Para  él seguramente amaneció un día más en el que realizar su trabajo. Todo el mundo coincide en que era un trabajador responsable y que tenía experiencia en el manejo de esa máquina y que conocía bien el recorrido.

Cuando ya estaba muy cerca del final de su viaje, parece ser que recibió una llamada por el móvil de la compañía, (que no por el suyo, que no utilizó), de algún compañero para algún tema de trabajo (eso es lo que parece hasta ahora por el contenido de la conversación grabado en la caja negra del tren que han podido escuchar los investigadores (sólo la parte de conversación del conductor, no la de su interlocutor). El contenido escuchado obedece a indicaciones del recorrido y se escucha, al parecer, ruido de papeles al ser consultados.

Ese es el momento del despiste fatal. Parece ser que el maquinista recibió la llamada cuando estaba muy cerca de la curva antes de la cuál debería de haber reducido la velocidad, pero la llamada polarizó su atención y le hizo confundir el paisaje con otro, seguramente de otro tramo, que no finalizaba con la curva que se convirtió en una trampa mortal para “su tren” y una importantísima parte del pasaje…

Él, nos lo han contado ya muchas veces, bajó del tren repitiendo: “somos humanos, somos humanos” y responsabilizándose del error de fatales consecuencias.

Desde el primer momento se supo que iba a 190 Km/h y que debía haber reducido hasta los 80 antes de entrar en la curva, pero que no le dio tiempo a hacerlo. Cuando fue consciente de dónde se encontraba, reconoció el paisaje del tramo y la curva en que confluía,  lo intentó pero dada la velocidad que llevaba y la distancia que le separaba de esa curva fatal, sólo pudo conseguir bajar hasta los 153 km/h y eso, no fue suficiente.

Al principio cuando todos empezamos a conocer la desgracia ocurrida, el tremendo accidente, todos nos permitimos hacer cábalas y opinar, muchas veces de forma temeraria.

Que si al conductor le gustaba la velocidad, que si había hecho comentarios en Facebook en otras ocasiones, que se yo cuántas otras cosas que ni vienen al caso, ni son importantes.

Seguramente si controlaran de repente nuestras conversaciones privadas con amigos, compañeros o familiares, sobre los temas más diversos, fuera de contexto, sin las respuestas ni las situaciones que las provocaron, a vista de un desconocido, todos en algún momento podríamos parecer el asesino de Kennedy en el magnicidio de Dallas.

¿Sabe alguien cuál es la velocidad “normal” de ese tipo de tren en el tramo en el que el conductor iba a 190? Se me ocurre que a lo mejor es la velocidad habitual.

Él, desde el principio ha reconocido que iba rápido, pero el problema es que se confundió en la ubicación del tramo por un instante y que cuando intentó subsanar el error, no tuvo tiempo bastante.

Por eso se llama accidente. Porque lo fue. Y lo provocó un error humano. Nadie quería que sucediera lo que paso. Él menos que nadie.

¿Cómo va a poder vivir a partir de ahora?, ¿Qué va a ver cada vez que cierre los ojos para dormir?, ¿Cómo se cura ese dolor? ¿Cuándo se acaba esa sensación de impotencia?, ¿Cuántas veces ha pensado ese hombre en lo que daría por poder dar marcha atrás al reloj y cambiar lo sucedido?

Vosotros, ¿no os equivocáis nunca? Se me puede responder que sí, pero que nuestras equivocaciones no causan ese número de fallecidos y heridos. Vale. Eso es cierto en la mayoría de los casos. Pero es un error humano. Terrible, pero un fallo impredecible. Por eso se llama a su resultado “accidente”.  Nadie lo podía imaginar.

¿Quién le llamó? ¿No se podía esperar para realizar la llamada? ¿Valoró el interlocutor la peligrosidad de la distracción que podía provocar?, ¿Cuándo la contestó, valoró el conductor  el posible peligro en que podía incurrir?

Nadie se hace todas esas preguntas cuando suena el móvil, y menos si se trata del de trabajo que llevas para “por si acaso”.

Hay que  ver lo que nos ayuda la tecnología la mayor parte de las veces… Sin embargo, maldito móvil.

Su uso se ha cobrado, de forma involuntaria, hasta ahora 79 víctimas y muchos heridos. El más grave, el conductor.  Sus secuelas no se curan con medicinas. No tendrá vida suficiente para arrepentirse de su involuntaria distracción. Pobre hombre.

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From → Sociedad

5 comentarios
  1. Ana Maria permalink

    Cuando sucede un hecho como este y a todos nos duele en el alma la desgracia ajena, también hay una parte que te hace recuperar la esperanza en el ser humano: la reacción de todos los habitantes del pueblo de Angrois ante este horrible accidente.
    Me ha emocionado oirles hablar sobre ello, con que respeto y delicadeza para los accidentados, y no perder un minuto para ayudarles hasta donde hiciera falta.
    ¡Que hermoso nivel humano!

  2. Esta noticia nos ha impactado a todos. Muchos, al principio, hemos reaccionado, casi al instante, diciendo que el responsable debe pagar por ello, porque, desde luego, ha sido toda una tragedia. Pero todos erramos. Somos humanos, y un error mas tarde o más temprano, siempre llega. Habría que preguntarse ¿es de recibo que toda la responsabilidad recaiga sobre el conductor, sobre una única persona? ¿No es demasiada carga para una sola persona? Si es así, creo que no hay dinero en el mundo que pague tanta responsabilidad, ni suficientes palabras de consuelo para aliviar la angustia que sufrirá de por vida…

  3. Es tremendo. Dudo que alguien pueda sobreponerse a algo así. Salvando las distancias me viene a la memoria la peli Siete Almas…

  4. Esta claro que la vida del maquinista ya no volverá a ser la misma desde el momento en que ocurrió el accidente, y que nada ni nadie le podrá hacer olvidar su parte de culpa en ese siniestro que tantas vidas ha roto. La tecnología es buena si, nos hace la vida más fácil, pero hay que saber cómo y cuando usarla. Puede que el momento en el que cogió el móvil no fuera el más oportuno. En una cosa sí estoy totalmente de acuerdo. Todos somos humanos, todos erramos.

  5. Encarna permalink

    Cuando oí a la velocidad que iba me cabreó un montón, pero luego pensé en él y me horrorizó el sentimiento de culpa que va a tener toda su vida. Pobre hombre.

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