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Políticos sin vergüenza.

23 julio, 2013

Tengo la enorme satisfacción de confesar que jamás he pertenecido a un partido político y casi la absoluta certeza de que nunca perteneceré. Y digo casi, porque a partir de una cierta edad, las personas solemos ser más conscientes de que las afirmaciones absolutas son una temeridad…

Siento una enorme vergüenza ajena por el comportamiento de la inmensa mayoría de los políticos y lo que es peor, me importa bastante poco, por no decir nada,  en la situación actual y en el escenario de nuestro país,  la filiación que estos tengan.

Esto, no nos engañemos, es absolutamente extrapolable a todos los países del mundo, pero por aquello de la practicidad, voy a circunscribirme a lo conocido. A lo nuestro, a aquellos representantes que hemos elegido y por los que, yo al menos, no me siento representada en la mayor parte de las ocasiones…

Me decía una amiga que no se puede generalizar, que no todos son iguales, que sólo nos enteramos de las cosas malas que hacen, que las correctas no tienen la misma repercusión mediática y que por tanto a la gente nos llega sólo el ruido de los “impresentables”… pero, éstos son tantos y tan desvergonzados…

No sé qué me molesta más, sí saber que constantemente nos están robando, defraudando y engañando o que, sin ningún pudor ni educación,  nos estén tomando por idiotas…

Han olvidado la esencia fundamental de la democracia, esa palabra mágica a la que a menudo acuden y que han dejado, por su mal uso constante, casi vacía de contenido.

En las democracias, unos cuantos se ofrecen como voluntarios para representar a los demás y estos los aceptan, eligiéndolos entre otros muchos, para que en su nombre y por delegación formen un gobierno que permita regir, coordinar y hacer avanzar a la sociedad.

De verdad, ¿alguien considera que estamos avanzando en algo?

Me parece bochornoso asistir, de forma cotidiana, al lamentable espectáculo de un enorme patio de colegio en el que los alumnos (políticos electos) constantemente, en vez de formar equipos para jugar aprovechando el tiempo de recreo (duración de su mandato), se dedican a pegarse, insultarse y de forma retorcida y vengativa  a “chivarse” a los cuidadores del mal comportamiento del contrario…

Todos y digo bien, absolutamente todos, los partidos políticos tienen cadáveres en el armario. Casos de corrupción, fraudes, mentiras al electorado… Habrá algún político decente, sin duda, pero en el momento en que ayuda a los corruptos de su equipo a salir con bien de las dificultades en las que se ha metido a causa de su avaricia, su mala cabeza o su ambición, es tan culpable (por colaborador en la ocultación del daño causado), como el hacedor del “desaguisado”. (Lamento mucho el ripio ramplón)

No se puede ser a la vez juez y parte. Somos humanos y por eso fallamos. Pero el ser conscientes de nuestra vulnerabilidad es lo que nos puede salvar de nuestros errores.

Todos tenemos familia y amigos y es muy loable el deseo de ayudar a los nuestros. Pero si eres un cargo público tienes que tener claro que tu familia durante el tiempo de tu mandato son tus electores y no tus consanguíneos ni tus amigos.

La ley electoral debería de ser modificada con urgencia.  Debería estar prohibido, por ley, ser profesional de la política.

La política debería de ser única y exclusivamente un servicio público voluntario.

No me parece de recibo que haya muchos políticos profesionales sin otro oficio conocido que el de representante público durante toda su vida laboral.

Por ley, debería de regularse la imposibilidad de representación pública más allá de un período determinado (cuatro u ocho años, por ejemplo, con independencia del cargo a ocupar, y que ese tiempo de representación fuera acumulativo). Creo que eso imposibilitaría el tráfico de influencias, por ejemplo.

No se puede consentir que “nuestros representantes legales” (diputados y senadores) dicten para ellos y para nosotros leyes diferentes en ningún campo. (Salarios, prestaciones sociales a percibir, tiempos de cotización…)

Siento repetirme, pero no se debe de ser juez y parte de forma simultanea porque el agravio comparativo es palpable y crea malestar social…

Hay leyes que no modifican porque a ellos no les interesa. Perderían prebendas en caso de hacerlo y eso es algo que no están dispuestos a permitir.

Se les ha olvidado, hace mucho, que son nuestros asalariados y no nuestros dueños.

Presentarse a un cargo público implica aceptar las reglas del juego limpio. O eso debería de ser.

Significa perseguir el bien común y no el enriquecimiento personal en ningún campo (y no sólo me refiero a tema económico) O eso debería de ser.

Estamos en la situación actual gracias a que la población tiene una memoria muy flaca. Y también gracias a que la desesperación nos hace creer cualquier cosa que aparentemente nos devuelva la esperanza en que esto se puede solucionar…

Para cambiar las cosas hay que cambiar a los actores que nos representan  y no dejarnos seducir una vez más por sus promesas vacías…

Ni el gobierno actual (anterior oposición) ni la oposición actual (anterior gobierno) están ni han estado a la altura en ninguno de sus roles.

No hablemos ya del resto de los partidos, simples comparsas con mayor o menor peso, empeñados en sacar tajada en todas las situaciones, dada su condición en la mayor parte de las ocasiones de meras bisagras o de apoyos concretos para situaciones puntuales…

A todos se les da bien proporcionar titulares y lanzar frases rimbombantes y vacías de contenido que sólo provocan vergüenza ajena a quien las escucha o las lee.

Esos gestos airados, llenos de superioridad moral que se lanzan unos a otros, dependiendo de los días, nos causan asco. La fase del estupor está superada.

Los electores sólo tenemos una opción, castigarles sin entregarles nuestros votos. Negarles nuestra representación.

Sin el poder con el que les investimos no son nada. Que acudan a su memoria para saber quién es el pueblo soberano y eso sólo se consigue recordándoselo en las urnas.

No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Hay que modificar la constitución y entre otras muchas leyes, es urgente actualizar la ley electoral.  Para ello les vamos a tener que castigar en las urnas. Es el único lenguaje con el que nos queda probar.

Mientras, por favor, conservad la memoria de lo que estamos viviendo. Aunque para ello tengamos que recurrir a la ingesta de “rabitos de pasa” que decían los antiguos que potenciaban este talento.

Dejemos atrás todos nuestra  poco rentable, visto el rédito, “memoria de pez”.

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From → Sociedad

One Comment
  1. Se les ha olvidado para quién trabajan, no tienen vocación de servicio público, alguno bueno habrá, pero en cuanto sobresale ese alguien, le cortan la cabeza…

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