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Relaciones personales (1)

23 junio, 2013

Sé que no os he preguntado, pero me gustaría hacer un experimento y para poderlo llevar a cabo, tengo que contar con vosotros. Hace unos días, una amiga me animó a que probara a escribir un relato corto. En principio, no la hice mucho caso, pero, sin apenas darme cuenta, empecé a darle vueltas a la posibilidad de hacerlo. ¿Qué podía perder? Solo el tiempo empleado en realizarlo. ¿Qué podía ganar? Mucho: confianza, autoestima, forma de canalizar mi energía y creatividad.  De alguna forma, probar otros caminos que hasta ahora no me había dado por explorar…

¿Para qué os necesito a vosotros?; para que me digáis que os parece la idea.  Sí. Así, tal cual. Os voy a mostrar  un poquito y me gustaría mucho que me dijerais sinceramente qué tal os parece.

No seáis prudentes. Por favor, manifestaos con libertad.

Y gracias por vuestra ayuda.

Introducción.

A Luis le faltaban unos meses para cumplir 18 años. Maya los había cumplido hacía solo veinte días. Luis y Maya se hicieron inseparables casi, casi sin darse cuenta.

Ambos tenían posiciones familiares similares. Eran el hermano  mediano de sus respectivas familias.

Él venía de un instituto exclusivamente de chicos y ella de un colegio sólo para chicas.

Ambos tenían un poco de susto por enfrentarse a un nuevo aprendizaje y los dos estaban un poco “volados” por compartir un entorno mixto.

La facultad de medicina era una antigua aspiración para ambos, aunque lo de “antigua” en el caso de gente con tan pocos años fuera mucho decir.

Ninguno de ellos vivía en la ciudad en la que iban a comenzar a ser universitarios y para los dos era la primera vez que estarían separados de continuo de sus padres y hermanos.

A Luis, que provenía de un pueblecito de Guadalajara, su padre le había encontrado una pensión no muy lejos del campus. Era económica, la patrona una señora “de sólidos principios” y estaba relativamente cerca de la casa de unos conocidos que vivían en la capital, por si Luis tenía necesidad, en algún momento, de requerir ayuda para cualquier cosa.

Maya era una señorita. Sus padres, de posición algo más desahogada que los de Luis, habían preferido apuntarla como residente en un Colegio Mayor. Este, estaba situado dentro del campus y se habían asegurado de que iba a tener férrea disciplina y riguroso control de horarios.

Estaban en 1974. Todavía contaba el qué dirán y aunque se fiaban de la buena cabeza de su hija, eran muy conscientes de la importancia de guardar las apariencias.

Su forma de pensar,  afianzada por  la vida en una pequeña capital de provincias, no era nada moderna, pero su horizonte de experiencia los había llevado a ella. 

Comienzan las clases.

Cuando el calendario marcó el primer día de curso, tanto Maya como Luis, fueron de los primeros alumnos en llegar a consultar en los listados a que clase debían de dirigirse.

Así se conocieron. Se sentaron cerca y al poco comenzaron a hablar.

Muy despacio, el aula comenzó a llenarse y el bullicio y las conversaciones cruzadas comenzaron a impregnar el ambiente que se fue tornando festivo y vocinglero.

Los días, las clases, los meses y los exámenes, fueron siguiendo su apacible y constante ritmo natural. En un visto y no visto, nuestros dos protagonistas se encontraron despidiéndose por haber llegado las vacaciones de Navidad.

En el intervalo transcurrido, su círculo de conocidos había ido ampliándose. Algunos compañeros de curso habían ido formando “piña” junto a ellos.

Marisa, una estirada chica de la capital fue una de ellos, y Javier el guapo hijo de un militar retirado por problemas de salud, y Mariano, un chaval de Badajoz que también estaba solo en Madrid y Regina que vivía muy cerca de la Facultad, en el barrio de Arguelles, y Carlos que venía de Soria y que tenía bastante más ganas de juerga que de estudios…

Cuando las fiestas navideñas interrumpieron el ritmo, a todos les costó un poquillo decirse adiós, aunque fueran apenas veinte días lo que iban a estar separados.

Del grupillo que formaban, sólo Carlos tenía novia. Le esperaba impaciente para preparar la boda en cuanto que él acabara la carrera. El padre de Carlos también era médico y la salida del hijo, cuando acabara, distaba mucho de presentarse problemática para trabajar.

Luis y Maya.

A Maya, le gustaba Javier. Él era un chico ingenioso y divertido que no se parecía en nada a los amigos que ella había dejado en su A Coruña de nacimiento. Pero Javier no lo sabía. Era un chico con éxito entre las compañeras y tenía la cabeza bastante ocupada en dar respuesta al mayor número de candidatas disponibles. Maya no se consideraba a si misma una candidata.

A Luis le encantaba Maya. Le gustaba cómo se reía, como se hacía cargo de las situaciones. Cómo era capaz de encontrar soluciones en cualquier momento para cualquier circunstancia o imprevisto que afectara a cualquier miembro del grupo. Le gustaba como caminaba, como se sujetaba el pelo con una goma cada vez que tenía que concentrarse, o como se quedaba dormida en el metro cuando quedaban para preparar un examen y después de pasar un domingo completo estudiando la acompañaba hasta su Colegio Mayor.

Ellos se habían hecho amigos. Maya encontraba en Luis su cómplice más cercano. Su mejor confidente. De hecho estaba ocupando el puesto de su hermano Rafael. Su valedor y defensor en las trifulcas familiares, que la sacaba 3 años y que se había quedado en la casa familiar ya que trabajaba junto a su padre, puesto que los estudios y él nunca habían hecho un buen cóctel.

La relación entre Luis y Maya se iba afianzando, pero no en el sentido que a Luis le hubiera gustado. Tenían enfoques muy diferentes.

(Continuará)

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From → Literatura

10 comentarios
  1. Angelines permalink

    Blanquita:Te animo a que sigas escribiendo.Estoy deseando continúar leyendo tu historia.Besos.

  2. Nada que decir por aquí Blanca, solo que eres muy valiente, porque en estas cosas siempre va algo de uno mismo. Y no abriré la boca hasta que no lo lea todo, soy incapaz. Un abrazo!

  3. Si vas a hacer muchos post como este dejando el relato a medias, nos vas a tener en vilo mucho tiempo. Bien Blanca!

  4. dori permalink

    Blanca, me encanta, me parece que escribes fenomenal. Igual tienen razón que has ido muy deprisa en el desarrollo y te tienes que detener en describir un poco mas a los personajes, pero tiene una pinta fantástica. Animo esto es el inicio de un gran proyecto. Enhorabuena.

  5. Ana María permalink

    Yo creo que lo importante en echar a andar y tu ya lo estás haciendo. Evidentemente si quieres enganchar a la gente para que espere con curiosidad que va a pasar a continuación de lo leido tendrás que no dar demasiada información del origen de los acontecimientos, sobre todo cuando un relato es por partes, pero ya sabes hay que desarrollarlo con expectación, ¡sigue escribiendo!

  6. ¿Continuará? ¿Cómo que continuará?! Me has dejado con la miel en los labios!!! Ya estás tardando en ponerte a escribir la continuación! Jajajajajaja!!!
    Yo no entiendo de relatos ni de reglas literarias, pero si sé que esta historia engancha, por lo menos a mi! Asi que esperaré impaciente a que nos dejes leer el resto y te animo a que sigas por este nuevo camino!!
    Un abrazo fuerte
    Dyana

  7. Paloma Marino permalink

    A mi me gusta. Sigue a tu aire a ver que sale. ¿Para cuando la próxima entrega?

  8. Tiene muy buena pinta la historia! y como Ana espero la segunda entrega con impaciencia! Pero como también sé, que quieres los “peros” ahí te va el mío, desde mi punto de vista cómo lectora y por supuesto sin pretensiones de hacer una crítica literaria.
    La presentación de los personajes secundarios me ha parecido algo confusa, quizá demasiado rápida, cómo si hubiera prisa por introducirlos, por lo que al final he tenido que volver atrás y releer el párrafo.
    Desde luego la historia tiene, para mi gusto, todos los ingredientes para ser un best seller! y para mi lo mejor… la época en la que la has ambientado! 😉 Segunda entrega ya!!

  9. Blanca, no me atrevo demasiado a hacerte una crítica porque hay gente muy experta que sabrá hacerlo mucho mejor. Pero para que no digas que no me mojo, como lectora creo –igual que tu amigo Braulio–, que si éste es el comienzo de tu relato, deberías arrancar con un suceso, una anécdota, incluso una opinión que capte de inmediato el interés del lector. Se trata de empezar en un punto álgido la historia, para ir creando “engagement” con el lector;) Por lo demás, veo que tienes material y talento de sobra para ser una gran contadora de historias… ¡¡Espero ya la segunda entrega para saber más sobre Luis y Maya!! 😉

  10. Tu lo has querido, seré imprudente. Tal y como está, lo escrito sirve sólo para ti, como estudio previo de los personajes. En el XIX hubiera valido este inicio. En el XX estaba desfasado y en el XXI, superadísimo. Piensa más en lenguaje audiovisual y menos en el literario, al menos para el inicio. Empieza en medio del relato, en un punto conflictivo. Ya habrá tiempo de retroceder y contar quienes son y de donde vienen tus personajes.
    Pero dicho eso: escribe. Es una buena idea. Porque eres de los pocos que saben colocar una coma. Y para mi la literatura es poco más que la precisión en la siempre difícil colocación de las comas. (Los tontos se marean con los adjetivos, pero esos no son más que aroma, color…)

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